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No es una carta abierta, pero colocar el remitente será espacio desperdiciado, que puede ser ocupado por las letras que contengan esta misiva a ella, que no me lee.

Debería saludarte, pero ya sabrás la cantidad de letras acumuladas que guardan mis manos y que esperan por ti, igual que el espacio del remitente de esta carta, igual que las respuestas a muchas preguntas, igual como mis manos esperan las tuyas, como mi boca tus besos, como mis momentos, los tuyos.

12142417_736385793132227_2132898207_n Por acá tengo un montón de letras para ti, proporcional a la cantidad de besos que nos debemos, no me preocupa mucho que no me leas, porque entendiste que los besos que te regalo, van con millones de mensajes y sentimientos que tengo guardados para ti, espero puedas entender el mensaje implícito que lleva cada uno de ellos. Lo importante de todo esto es que – de vez en cuando – sabes como leerme, ponerme a prueba y redactar(te) entre mis manos y el pensamiento que da los buenos días, todos los días, con tu cara en forma de espejismo.

Entiendo también que este montón de palabras pueden asustar a cualquiera, que te “paralizas”, que tu mente no sabe que responder y que también te preguntarás muchas veces si de verdad mis escritos son para ti, que sabes responder con cualquier palabra aleatoria, incluyendo el “Hola!” después de cualquiera de mis publicaciones; quizá divago y es simple coincidencia, pero las he entendido como una respuesta, y créeme que me conformo, después de todo, también he podido entender tus silencios llenos de “te quiero y me muero por estar contigo”, entiendo, y aquí estoy respondiéndote.

El miedo que te embarga, el compromiso al que le temes, la sensación que puede causar que sea yo el que te escriba te ha separado de mis cartas, pero no temas, me acostumbro a escribir de las cosas buenas, que me entretienen, las que quiero y a las que creo que merecen mis letras, sólo eso, si pretendiera algo más, te enviaría no esta, sino todas las cartas y las letras que acumulas en mi, directamente a ti, donde no tengas escapatoria y debas leer, casi por obligación. Después de todo, las cosas más importantes te las he dicho besándote a la cara, digo… ¡Mirándote!

Por acá, por este lado de las cartas he hecho varias confesiones sobre nosotros, que ya sabes, o ya has sentido… o por lo menos te imaginas. He logrado traducir muchos de nuestros actos en especie de una literatura escueta, comercial y fantasiosa que a los que acostumbran leerme, les encanta, y no los culpo, también he sido “fans” de esas banalidades, o como tu le llamas, “esa labia barata”.

Eres tú, la “afortunada” o la “pobre que se cala esas intensidades” de las que habla esta gente que sí me lee. Eres tú la musa, la inspiración, la dirección de remitente de esta carta, tú, la que no me lee, pero la que si me besa, la que si me abraza, la que no necesita de estas letras para saber que muero por ella, por cierto, ¡Hola mi amor!