Y aunque el nuevo año empiece un jueves, y que no signifique qué un “año nuevo” vaya a cambiar el mundo, creo que es una buena oportunidad para cerrar ciclos, el conteo de los minutos para despedir los 365 días pasados te ponen en contratiempo para prepararle las maletas a lo que estorbó, hizo mal y hasta lo que no fue productivo en el 2014.

No soy de rituales, pero este diciembre me convencí en que sería una grata oportunidad para poner en práctica eso de “Soltar para avanzar”, soltar porque traemos sobre la espalda, pesos acumulados que quizá ni siquiera le pertenezcan al año, quizá tengan antecedentes de ciclos pasados, hay que dejar ir para darle paso a lo nuevo, amores, proyectos, experiencias, sobretodo amores, pues sigo convencido que es elixir para la vida, el que ejecuta y acciona el resto de experiencias que quedan por vivir y que aun empiezan. Por eso, agarré la primera hoja que vi sobre mi escritorio, escribí todo lo malo que sucedió en mi año, tomé algunos minutos en el contratiempo propio del 31, la doblé y la vi deshacer entre cenizas, tomando de inmediato las acciones pertinentes en las que el fuego no llegó.

Me faltó el mar para limpiar las energías y experiencias que se pegaron al cuerpo cual sábana luego de una larga y agotadora jornada de trabajo, pero así como el mar tiene propiedades curativas, exponer “cosas” a altas temperaturas de calor, gracias al fuego, también logra cauterizar, y esterilizar. Preparar la vida para nuevos ciclos, una vez cerrados los viejos – bien cerrados – y aunque forzados, valdrá la pena hacerlo, no es secreto, ni ritual que no sea aceptado.

Te suelto, porque te tuve sin que estuvieras, te suelto porque te guardé para mí, sin ti. Te suelto porque aunque nadie me tenga agarrado, el tiempo merece la oportunidad de presentar nuevas manos que se posen sobre las acciones del mundo, de mi mundo. Te suelto y no me duele hacerlo, porque te agarraba sólo por tener “algo”, ¡vaya caprichos!

Y te hablo a ti, como si de persona se tratase, te hablo a ti, experiencias y momentos, miedos e incertidumbres, dosis de adrenalina  y de timidez, a ti, resumen de año que también tuvo excelentes antónimos a las palabras descritas en líneas anteriores, pero que no vale la pena mostrar, porque también aprendí que los buenos momentos se viven, no se publican, aunque se haga la excepción de vez en cuando.

Avanzar, como los días del año, como los minutos cuando queremos eternizar momentos, la única manera es apagando el dínamo del ciclo que nos gustó por un momento, y que nos detiene en la trayectoria de la vida. Los años no sorprenden, pero “soltando” lograremos sorprendernos a nosotros mismos.

¡A por ti 2015, allá vamos!